¿Vos, nene, sos de River o de Boca?

A mí nunca me gustó el fútbol, pero esto es porque no se me inculcó de pibe, y por los periodistas que hablan pestes acerca de las hinchadas.

"Los momentos que viví, todo lo que yo dejé, por seguir a la Academia nadie lo puede entender", reza uno de los gritos de batalla de la hinchada de Racing Club de Avellaneda, uno de los tantos equipos que despiertan el fanatismo más encarnizado en miles de argentinos e incluso extranjeros. Esa oración, sintetiza de alguna forma algo inexplicable, algo que convierte al hombre en bestia y al suicida en kamikaze, algo que le da razón de ser a tantos bípedos implumes que vagan por el universo: la pasión. ¿Qué nos puede resultar tan bello de un mero conjunto de movimientos, que a ningún lado van y no generan un cambio en nuestro modo de vivir? No lo comprendo, y creo que algún psicólogo lo puede explicar, pero no es el caso de esta publicación. Pero lo que sí, es que lo celebro. Es esto lo que le da sazón a la vida, es lo que nos devuelve un poco el sentimiento de luchar por el alimento, de la guerra constante por la supervivencia. ¿El fútbol es el opio de los pueblos? Para nada, en realidad vendría a ser el alcohol, o el tabaco de los pueblos. No nos nubla la mente, tan solo nos devuelve la lucidez al quitárnosla y dejar descansar a nuestros inhibidores del placer, la violencia, el estrés y tantas cosas. Ir a la cancha para alentar es algo catártico, emborracharse y celebrar con la hinchada, putear al rival, olvidarnos un rato de la tolerancia y el no discriminar, porque de eso se trata. No es un ambiente tóxico el ambiente de la popular, el ambiente tóxico es el que introdujeron los barrabravas, pero no con su agresividad, sino con sus marañas legales, que van desde la reventa de entradas hasta incluso el narcotráfico. Eliminar a las barrabravas le quita cierta gracia al fútbol, que, al fin y al cabo, no es la gran cosa ni lo más entretenido del universo. La pasión enfermiza buena o mala, osea la guerra, los placeres del sexo, la comida, el alcohol, caracterizan al superhombre de Nietszche, y el superhombre, así como está descrito, es el que todos los domingos tira todo a la mierda, se pone los colores, alza el trapo y va a la popular a gritarle "corrés de local, puto" al hincha del cuadro adversario.
Todo lo anteriormente dicho es también aplicable al automovilismo, al basquet, y a cuanto juego con rivalidad exista. Claramente, el nivel de control emocional varía de acuerdo a las normas éticas implícitas de cada deporte, porque no es el mismo el ambiente futbolero, que el ambiente del tiro de larga distancia, pero la pasión se siente igual aunque se manifieste de diversas maneras.

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